Según Philippi, la IA desafía a grandes actores: la industria, el tipo de gobernanza que le corresponde (regulación), a los mediadores y partícipes. “Cuando pensamos en los adolescentes, tenemos que pensar quiénes están en el colegio y también en los primeros años universitarios”, explicó. Respecto del uso de esta herramienta, la académica también mencionó que es importante reflexionar sobre cómo hoy se genera el conocimiento, “cuáles son las habilidades que tenemos que desarrollar en los estudiantes, principalmente pensando en las claves y en las habilidades que requieren para hacer un uso con sentido de esta tecnología”.
Cristian Vásquez, gestor de vinculación, difusión y valorización de la inteligencia artificial en el CENIA, destacó que la mejor forma de protegernos de la IA es saber de qué se trata, junto con fomentar y pulir el pensamiento crítico. Ese rol de información y creación del pensamiento crítico es -a su juicio- un rol de las familias y equipos docentes. “Las familias son el primer contacto, posteriormente espacios educativos, no solamente los colegios, sino que también los docentes, los grupos de amigos y también nosotros desde las academias, desde las comunidades científicas. Todos somos responsables de entregar información clara, de manera sencilla, gratuita y que los NNA puedan acceder a esta. Ese espacio informativo debe ser coherente y lo más positivo en la construcción del criterio de las nuevas generaciones”, explicó.
Desde la neuroética, Abel Wajnerman, planteó que antes del primer análisis de la IA es necesario tener una visión clara sobre qué es lo humano, una visión plural que incluya la neurodivergencia y que considere que “lo humano” se dice de muchas maneras. “Es con esa comprensión de lo humano que es necesario educar y alfabetizar a los niños en cómo desarrollar su propia narrativa sobre qué es lo humano para que ellos, desde ahí, se vinculen con la IA”.
Wajnerman señaló que “la responsabilidad tiene que ser supertransversal, tiene que estar en los padres, en los cuidadores, en los profesores y en los niños, niñas y adolescentes mismos también, en la responsabilidad del usuario”. “Para los padres yo creo que es importante trabajar en la noción del humano, inculcar valores para entender la importancia de ciertos vínculos. Y para los docentes y para los profesores es importante considerar el impacto que puede tener en el desarrollo cognitivo y emocional, el uso de este tipo de tecnologías. No de manera prohibitiva sino integrativa”. El Estado también tiene responsabilidad en esta protección a través de la política pública, insistió el profesor del Instituto de Éticas Aplicadas de la UC.
Para Emilia Cañas, “hoy tenemos que entender que los niños, niñas y adolescentes, y la juventud también, son el futuro pero también el presente y es por ello que es esencial que los tomemos en cuenta y levantemos sus voces y el compromiso en torno a la inteligencia artificial, al avance de la tecnología y lo importante que es el desarrollo en conjunto con la sociedad civil”.
Entre los invitados al conversatorio estaba el director de la División de Organizaciones Sociales (DOS) del Ministerio Secretaría General de Gobierno, Ignacio Achurra, quien destacó este tipo de conversaciones “hace que uno tenga que abrir la cabeza, empezar a pensar y reflexionar respecto del impacto de esta nueva tecnología y pensar también en los desafíos enormes que nos presenta tanto a las personas como a la institucionalidad pública. Fue muy interesante, muy provocado, muy estimulado por esta profunda y densa conversación”.