Otra de las conclusiones de este trabajo es que los dinosaurios acorazados son el único linaje de vertebrados terrestres que ha evolucionado de forma independiente tres tipos radicalmente diferentes de armas especializadas en la cola: las púas pareadas de estegosaurios, la maza de anquilosaurios avanzados, y el macuahuitl de Stegouros. “Los Parankylosauria carecen de muchos rasgos de los anquilosaurios ‘verdaderos’ que ya estaban presentes en el Jurásico medio, hace unos 165 millones de años. Por lo tanto, las raíces de Parankylosauria deben ser muy antiguas, anteriores a esa fecha”, asegura Alexander Vargas.
Respecto a la relevancia de este hallazgo liderado por investigadores chilenos y financiado completamente por proyectos nacionales, el ministro de Ciencia, Tecnología, Conocimiento e Innovación de Chile, Andrés Couve, destaca que “este descubrimiento es motivo de orgullo, pues da cuenta del increíble potencial de Magallanes para el desarrollo científico, y de la calidad de la ciencia nacional que gracias a instrumentos de financiamiento público para la investigación asociativa, ha podido desarrollar un proyecto de excelencia, conectado internacionalmente y reconocido por una de las revistas más prestigiosas del mundo. Además, es fuente de inspiración para nuestras futuras generaciones, para que puedan soñar con la exploración y los descubrimientos en una disciplina muy relevante para el país”.
La ministra de las Culturas, las Artes y el Patrimonio, Consuelo Valdés, enfatizó también el enorme valor patrimonial de las huellas del pasado que esta zona está entregando al mundo. “Este es un hallazgo de alcance mundial liderado por investigadores chilenos. Como Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio nos involucramos en el descubrimiento de esta nueva especie de dinosaurio, a través de la participación como investigador del jefe del Área de Paleontología del Museo Nacional de Historia Natural (MNHN), David Rubilar. Las características de este descubrimiento no solo nos permiten conocer las particularidades y diferencias de las especies que habitaron el territorio nacional, sino que también seguir profundizando en el tremendo potencial que tiene el país en el ámbito de la exploración paleontológica”, comenta.
“Lo que hoy conocemos como Chile fue un territorio que durante la era de los dinosaurios estuvo ubicado en el margen occidental de un gran megacontinente denominado Gondwana, territorio que estaba integrado por los territorios que actualmente conocemos como Sudamérica, África, Oceanía y Australia, India y como centro la Antártica”, señala David Rubilar, jefe del Área Paleontología del Museo Nacional de Historia Natural de Chile, en relación al momento geológico en el que vivió Stegouros en esta parte del mundo. El investigador, quien también fue parte de este equipo, destaca que el descubrimiento no solo enriquece la fauna de dinosaurios de este país, sino que también representa una evidencia valiosa de la conexión entre los continentes australes en el pasado.
Por otra parte, Marcelo Leppe, director del Instituto Antártico Chileno y otro de los integrantes de este grupo de investigadores, detalla que “el momento de la historia natural específico en el que se encuentra Stegouros da cuenta de la existencia de un delta que se abría en un abanico fluvial, como el del río Nilo, con ríos sinuosos e islas que se convertían en trampas naturales. Hemos encontrado abundante evidencia de bosques de Nothofagus, como los que hoy se encuentran desde el centro hasta el sur de Chile, junto con vegetación herbácea y helechos. Es un ambiente típicamente austral de finales del Cretácico y uno de los pocos depósitos continentales que tenemos en todo el Hemisferio Sur para esta época”.
Esta vegetación probablemente fue el alimento de este herbívoro, cuya boca tenía una peculiar forma angosta hacia la punta y recurvada, muy similar a los picos de las aves. Poseía además filas de placas dérmicas óseas que recorrían su parte dorsal, las que probablemente lo ayudaban a defenderse de depredadores, de los cuales también se han encontrado evidencias en la zona. Esta nueva pieza paleontológica, agrega Marcelo Leppe, “viene a completar un puzzle bastante interesante, donde se incluyen al menos otras ocho especies de dinosaurios y reptiles, como tortugas y lagartos. También hemos encontrado evidencia de anfibios y peces en el área acuícola”. A estos hallazgos se suma, además, la identificación de dos nuevas especies de mamíferos, los más antiguos de Chile, dados a conocer el año pasado y este 2021: Orretherium tzen y Magallanodon baikashkenke.
En esta línea, David Rubilar destaca que la historia de los dinosaurios en el país apenas está comenzando. “Recién el año 2011 se describe la primera especie para Chile, un herbívoro de cuello largo denominado Atacamatitan chilensis. 10 años más tarde estamos nombrando esta cuarta especie. Lo interesante de esto es que de las cuatro especies descritas hasta el momento dos han aparecido en la prestigiosa revista Nature: Chilesaurus diegosuarezi y Stegouros elengassen. Esto nos habla de lo poco que conocemos aún en esta parte del mundo y del tremendo potencial que tiene el país para la exploración paleontológica. La exploración del sur de Chile y la Antártica van a ser claves en el futuro para nuevos y sensacionales descubrimientos”, asegura.
El descubrimiento representa el corolario de muchas investigaciones que ya llevan 10 años, particularmente aquellas desarrolladas bajo el proyecto Anillo ACT172099 “Nuevas Fuentes de Información sobre el Registro Fósil y Evolución de Vertebrados” (2018-2021, dirigido por Alexander Vargas) el proyecto más importante adjudicado en la historia de la paleontología chilena, que concluye con este broche de oro. Esta labor, enfatiza el profesor Leppe, ha permitido tener un mayor acercamiento a la vida y el entorno que dominó esta zona antes de la extinción masiva de los dinosaurios ocurrida hace 66 millones de años. “El Valle de las Chinas y Cerro Guido tienen por lo menos 25 o más años de estudio por delante. Es un lugar muy extenso. Usando herramientas apropiadas y al personal humano que hemos estado formando durante estos últimos 10 años va a ser muy posible que se continúen estos estudios con una camada joven de paleontólogos que van a protagonizar el florecimiento de la paleontología nacional”, afirma.
Revisa aquí la publicación en Nature.